Tras la decisión del Departamento de Transporte de Estados Unidos (DOT) de no renovar la alianza estratégica entre Delta Airlines y Aeroméxico, la presidenta Claudia Sheinbaum expresó su inconformidad y sugirió que podrían existir “otros intereses” detrás de la medida.
Durante su conferencia matutina del 22 de septiembre, Sheinbaum afirmó que el gobierno mexicano respondió puntualmente a las cuatro observaciones hechas por las autoridades estadounidenses, relacionadas principalmente con la operación del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).
Uno de los argumentos del DOT fue el traslado de la carga aérea del AICM al Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles (AIFA). No obstante, Sheinbaum aseguró que ninguna aerolínea ha presentado quejas y afirmó que muchas están “muy contentas” con ese cambio.
La mandataria subrayó que su gobierno está en contacto con Aeroméxico y que su prioridad es proteger los empleos de pilotos y trabajadores mexicanos, recordando que la mayoría de los fondos de la aerolínea no son mexicanos.
En respuesta a este escenario, Sheinbaum anunció que se está realizando una revisión general del funcionamiento de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC), con auditorías que no se habían aplicado desde hace años, para fortalecer la regulación aérea del país.
Por su parte, expertos del sector aéreo señalaron que la disolución de la alianza obligará a ambas aerolíneas a operar y comercializar de forma independiente, lo que podría impactar la conectividad aérea, tarifas y beneficios para usuarios frecuentes en rutas México–EE. UU.
Esta decisión marca un giro importante en la cooperación bilateral aérea y abre una discusión sobre el papel geopolítico y económico que podrían estar jugando actores externos en el sector de la aviación comercial mexicana.



